Estos son los 15 estilos de ilustración para cuentos personalizados entre los que puedes elegir al crear tu cuento: desde la acuarela clásica hasta el manga o la plastilina. El mismo cuento, con tus personajes, puede verse de 15 maneras distintas.
Trazos suaves y colores que se funden, como un álbum ilustrado de toda la vida.
Colorido, expresivo y lleno de energía: el favorito de los peques.
Figuras modeladas a mano, como en las películas de animación con plastilina.
Línea marcada y colores vivos, con todo el alma de un tebeo.
Un mundo entero de ternura: paleta pastel, ojazos y detalles adorables.
Personajes con volumen y luz de película de animación moderna.
Telas cosidas, botones y retales: un cuento que parece hecho a costura.
Un mundo construido pieza a pieza, con personajes de juguete.
Estos estilos se ofrecen solamente con la creación de Cuento Completo.
Estética de serie de animación japonesa, con ojos grandes y mucha emoción.
Blanco y negro puro con tramas y líneas de movimiento, como un manga de verdad.
Textura de lápices sobre papel: cálido, cercano y artesanal.
Motivos de arte popular y colores cálidos con encanto tradicional.
Tonos empolvados y aire de cuento antiguo, de los que se heredan.
Luz mágica, criaturas fantásticas y escenarios de ensueño.
Formas sencillas y pocos colores: menos es más.
Además del estilo de ilustración, puedes elegir el género o tipología con el que se cuenta la historia: no cambia cómo se ve el cuento, sino el tipo de conflicto que vive el protagonista y cómo lo resuelve.
Magia, criaturas imposibles y reglas propias de un mundo que no es el nuestro.
La estructura más clásica: un deseo, una prueba y un final que la cumple.
Naves, robots y planetas por descubrir, resueltos con ingenio y curiosidad.
Un poder especial, una misión que cumplir y la pregunta de qué hacer con él.
El vínculo con quienes acompañan al protagonista es el motor de la historia.
Situaciones divertidas y un desenlace que arranca la risa.
Una pregunta que se va desvelando pista a pista, con la tensión justa.
Un puntito de intriga y de «qué va a pasar?», sin sustos de verdad.
Un viaje, un reto físico o una exploración, con acción y descubrimiento.
El bosque, el mar o los animales como escenario — y a veces, como protagonistas.
Esfuerzo, equipo y superación personal, para quien vive pegado a un balón.
La creatividad como hilo conductor: un instrumento, un dibujo, una canción.
Historias donde, sin dejar de ser un cuento, algo se aprende por el camino.
Una época o un lugar del pasado, contado con la mirada de un cuento infantil.
El género decide qué tipo de historia es; el estilo narrativo decide cómo suena la voz que la cuenta — y ambos son independientes.
Frases cortas y claras, sin rodeos — ideal para los primeros lectores o para leer antes de dormir.
Se detiene en los detalles: cómo huele el bosque, de qué color es la puerta, qué se siente al tocar la nieve.
Un narrador cuidado y algo más solemne, como el de los cuentos clásicos que se leen con voz de contar historias.
Cercano y desenfadado, como si un amigo mayor contara la aventura sentado a tu lado.
Juega con las imágenes y el ritmo de las palabras — ideal si buscas un cuento con algo de canción.
Con guiños y momentos que arrancan la risa, sin perder el hilo de la historia.
Explica el porqué de las cosas con curiosidad, como quien también aprende mientras cuenta.
Un lenguaje cuidado y algo más sofisticado, con un aire refinado en cada frase.